Sábado. El reloj dice que son las 10 y hace una semana que no sé nada de vos. Miles de ideas me dan vuelta dentro de la cabeza. Pero como volcarlas en el papel. Imposible. ¿Se pueden encerrar todos los pájaros del mundo dentro de una pequeña jaula?. ¿Se puede armar un solo ramo con todas las rosas del planeta?. Pero allá estás. Vos en tu mundo, yo en el mío. Apareces. Salgo un rato al patio. El cielo está cubierto por una cantidad infinita de estrellas. Detengo la mirada en una, es la más brillante. Me pregunto, quizás en este momento estés mirando la misma estrella que yo. Me acompaña un cigarrillo. Lanzo una bocanada de Humo y parece verte en la niebla. Siempre estás allí, aferrada en mi mente. No puedo dejar de pensar como hubiese sido de otra manera. Pero es así. ¿Existe la magia?. ¿Sos real?.
Te sueño. Te pienso. Te deseo.
Unos labios llenos del placer de lo prohibido. Una cara de ángel con la justa cuota de dulzura y picardía. Hace frío. Me abrigo con tu imagen. Apago el cigarrillo. Ya casi estoy adentro. Arrojo un beso a las estrellas, un suspiro, mil ganas... Falta poco. Pronto uniremos nuestros mundos. Después... no pienso en el después.
Entro. Un tema de él suena en mi radio. Tu imagen no se va. Te tomo. Te abrazo. Te miro. Coloco mi rostro junto al tuyo y susurro al oído, pronto, pronto mi amor vamos a estar juntos.